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Hombre y Mujer, buscando su lugar

mujer estresada 2Un buen amigo me dijo hace unos días “las mujeres os encargáis de tantas cosas en la vida cotidiana – los hijos, la casa, las relaciones sociales,… – que lo justo es que el hombre os entregue la mitad de lo que gana”.

Hace unos años, cuando para mí era muy importante sentirme independiente, quizás me hubiera ofendido el comentario. Ahora, al contrario, me sorprendí disfrutando de estas palabras, me hacían sentir por fin cómodamente relajada, relajada en mi condición de mujer. Cuantas verdades damos por sentadas sin saber que son solo un paisaje que cambiará inevitablemente, como todo, excepto la esencia.

Os confieso que tal sensación me sorprendió y dio pie a una serie de reflexiones en los siguientes días que ahora os iré contando. compartir reflexiónNo pretendo convencer a nadie ni demostrar nada – de hecho no sé si lo que ahora pienso es acertado o no – solo quiero compartir con vosotras estas reflexiones. ¿Por qué? Porque a mí me ocurre que a veces leo reflexiones de otros que me alivian, por el simple hecho de que han podido poner palabras a algo que para mi aun tenía forma de sentimiento o porque me siento acompañada por la complicidad de un autor desconocido o porque sus palabras me sacuden y permiten desahogar tensiones antiguas o me llevan a investigar algunos rincones de mi aun por explorar.

Resulta que después de años queriendo demostrar al mundo (me incluyo en él) que yo, porque quiero, hago las cosas sola – autosuficiencia – y gracias al calorcito que sentí escuchando a mi amigo, no pude hacer otra cosa que dejar de engañarme: me gusta hacer las cosas en compañía. Sí, me siento más relajada cuando alguien me acompaña. Hablo de una compañía profunda, no de la permanencia física junto a otra persona. Me relaja saber que puedo contar con alguien, como decía Benedetti “…puede usted contar conmigo, no hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo…”.

mujer relajada

Pero, hasta aquí, podríamos decir que mi reflexión no diferencia entre géneros, se trata más bien de pensamientos sobre la condición del ser humano como animal relacional que es.

Voy un poco más al grano ¿cuáles son mis anhelos profundos en tanto que mujer? ¿Qué espero realmente – no lo que yo me creo que espero – de los hombres?

Al entrar un poco más en mis sensaciones me di cuenta de que el hecho de que el hombre asuma el papel de mostrarse al exterior, de ganar dinero, de conseguir un estatus social y profesional, lejos de ofenderme o ponerme a la defensiva – como ocurría años atrás – me produce ahora una sensación de bárbara libertad. Sí, libertad.

Reconozco que la presión por ganar el dinero que sustenta a mi familia me genera mujer-estresadaun estrés que limita profundamente mis capacidades. Por ejemplo, sin esa presión soy capaz de generar mucho más dinero que con ella, sin el estrés soy mucho más eficaz y más creativa y eso me lleva sin duda a ser más próspera. Si tengo que dedicarme a conseguir o mantener un cierto estatus, no puedo dedicar tiempo a cuidar mi fuente de nutrición e inspiración, que es mi mundo interno, la exploración, el pensamiento, la creatividad, las relaciones… Y si perdura esa falta de cuidado me invade una sequedad que acaba por dejarme insensible a mí y al mundo que me rodea. Contar con un compañero – ya sea en lo íntimo o en lo profesional – que se ocupa de estos temas, que a mí me cuestan, me permite mantener el estado de inspiración que necesito para cultivar la calidad en mi vida privada y profesional que necesito y que a su vez es la que nutre e inspira al compañero que me ayuda a conseguirla.

Y para ellos, nuestros queridos, a veces incomprensibles, compañeros… que gran alivio contar con alguien que se ocupe de los hijos, la casa, las relaciones,… en resumen el mundo interno. Y de este modo poder dedicar toda su energía a las tareas que más satisfacción interna les dan: el mundo externo.

Así que si yo tengo que hacer el papel de él me hago un lío, él si tiene que hacer el mío también. Al contrario, si los años – me refiersinergiao a madurez – nos dan para poder reconocer y valorar el lugar en el que estamos cómodos y desde el que podemos dar lo mejor de nosotros mismos… ¡Voilà! Aparece la palabra mágica: reconocimiento. La mujer tendrá el reconocimiento del hombre, que es el que realmente a muchas de nosotras nos hace sentir bien – no es una afirmación científica, procede de muchas conversaciones e íntimas confesiones – , y el hombre, por su naturaleza y apoyado por mujer, tendrá el reconocimiento en el mundo externo, que es el que realmente hace sentir bien a muchos de ellos – la afirmación procede de la misma fuente que la anterior.

Las formas, como decía al principio, cambian inevitablemente. Así que nos sorprenderemcreativaos a lo largo de la vida siendo mujeres que valoramos el mundo externo, otras veces disfrutando de sumergirnos en el mundo interno. A veces intentado convencer a un hombre volcado en el mundo externo de que debería ocuparse de lo interno, y otras quejándonos de que nuestro compañero no asume sus responsabilidades allá, en el exterior. Y también, por fortuna, reconociendo nuestros anhelos profundos, los de nuestros compañeros y disfrutando de relaciones satisfactorias, placenteras y estimulantes.

Sin embargo, como decía también al principio, la esencia permanece. De ahí, que la vía que me aparece como única solución a las diferencias internas y externas de género es la dedicación en cuerpo y alma a la última opción, la del reconocimiento de esa parte nuestra que permanece para descubrir los anhelos profundos, la de llegarnos a conocer, a nosotras mismas, a los demás y a nosotras mismas en relación con los demás. Y en el camino de ese conocimiento, quizás nos descubrimos más comprensivas, incluso más tiernas, con esas formas que se entremezclan con la esencia, confundiéndonos, ofreciéndonos una imagen distorsionada de la realidad. De esa comprensión, de esa ternura, aparece el placer de ser fémina.

mujer reflexionando

Me gusta ver la vida con ojos de mujer y disfruto cuando mis compañeros me cuentan como se ve con esa otra mirada tan suya, tan hermosa como la nuestra.

ojo hombreojo mujer

Tere Puig
Yoga para mamás y bebés


miércoles, 24 de noviembre de 2010