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Un cuento para sentir. «Tuenmí» de Tere Puig

Los cuentos son grandes herramientas de esclarecimiento. A través de su lenguaje sencillo, ilustrativo y con un tono de dulzura infantil, que nos transporta a nuestra infancia, propician un estado de atención distendido, que nos permite entender, aprender e incluso descubrir aspectos propios. Os dejamos este cuento de Tere Puig, cargado de significación. Sin duda su inspiración nos hará reflexionar.

invierno«En pleno invierno, en medio del frío y el silencio, nació Soloyó. Una voz dulce y unas manos suaves, su primer recuerdo, era su madre.

Fue un bebé sano y fuerte, un niño atento y de pocas palabras.

Tuvo una vida tranquila, creció entre grandes montañas, tenia pocos y grandes amigos. Pasaba largas horas frente al fuego, escuchando su propia voz. Cantaba, escribía, pintaba, pensaba…

Estuvo a punto de casarse con una preciosa mujer, pero por alguna razón no lo hizo. Toda su vida cultivó la tierra, que agradecida nunca permitió que a Soloyó le faltara nada.

soloyoEl día de su muerte, por alguna razón la mujer con la que estuvo punto de casarse estaba con él. A ella le contó que gracias a sus maestros: la Tierra, el Aire, el Agua, el Fuego, el Universo y el Silencio se había convertido en un hombre sabio, muy sabio. Se conocía en profundidad, incluso había escuchado al Silencio decirle quién era él.

Y justo antes de morir se dio cuenta de que echaba algo de menos, y le dijo a la mujer: “No he tenido tiempo de saber quien eres tu”.

Cerró los ojos y se dijo si mismo: “Me siento feliz de haber vivido como le he hecho y volveré a nacer para descubrir quién eres tú con la misma profundidad que ahora se quién soy yo”. Murió sabio, muy sabio.

Summer landscape with sunflowers fieldEn pleno verano, en medio del calor y el murmullo de la gente que lo esperaba, nació Solotú. Unas manos fuertes y una voz profunda, su primer recuerdo, era su padre.

Fue un bebé sano y fuerte, un niño alegre y siempre atento a los demás.

Tuvo una vida llena de experiencias, creció en una gran familia que viajó por todo el mundo, tuvo muchos y grandes amigos.

solotuEn la tierra donde nació, conoció a una mujer preciosa con la que se casó y tuvo cinco hijos. Toda su vida la dedicó a cuidar de su familia y amigos, aunque trabajó sin cesar, siempre tuvo tiempo para escucharlos y amarlos. Y ellos agradecidos, siempre cuidaron de él.

El día de su muerte fue luminoso y el murmullo de todos a los que conoció a lo largo de su vida le acompañaba. Les contó que gracias a ellos se había convertido en un hombre sabio, muy sabio. Conocía en profundidad todo en cuanto a la amistad, el amor, el odio, la guerra y el mundo. Les agradeció a todos haber sido sus maestros: en el amor, la comprensión, la generosidad, el respeto y la libertad. Justo antes de morir, por alguna razón, recordó a Soloyó y se dio cuenta de que no había tenido tiempo de algo: de conocerse a si mismo. Fue entonces cuando cerró los ojos se dijo: “Me siento feliz de haber vivido como le he hecho y volveré a nacer para recordar quién soy yo sin olvidar quien eres tu”. Murió sabio, muy sabio.

otoñoEn un día de otoño, que por su luz y olor podría haber sido primavera, nació Tuenmí, que también podría haberse llamado Yoentí.

Fue un bebé sano y fuerte, un niño alegre, de pocas palabras y siempre atento a los demás.

Tuvo una vida plena, creció en una gran familia y entre las montañas conoció el silencio.

Era todavía muy pequeño cuando se dio cuenta de que podía sentir lo que sentían los demás. Gracias a este descubrimiento no solo aprendió de sus experiencias, también de las de los demás.

Tuenmi2Un poco más tarde averiguó que su felicidad también alegraba a los demás. Gracias a este descubrimiento ayudó a mucha gente a lo largo de su vida.

A veces entre amigos, a veces junto al fuego, todo en su vida lo hizo pensando en él y en los demás, por su bien y por el de todos, sin hacer daño a nadie ni a él mismo. Fue un hombre próspero y junto a él muchos prosperaron.

El día de su muerte, siendo un hombre sabio, muy sabio, abrazó a su esposa, sus hijos y amigos, agradeciendo a todos que le hubieran acompañado en su camino. Y volvió experimentar con fuerza la misma sensación que cuando niño descubrió que él era también tu: ligero, infinito, luz y eterno. Agradeciendo a la Vida sus enseñanzas caminó para sentarse debajo de un árbol, y recordando a Soloyó y Solotú, desde el lugar más profundo de su corazón se dijo a si mismo: “Me siento feliz de haber vivido como lo he hecho”. Y entre las montañas donde conoció el Silenció, cerró los ojos y se fundió en él.»

Tere Puig

Tere Puig


sábado, 11 de agosto de 2012