Homenaje a Vicente Ferrer y a todas aquellas personas que dedican su vida a los demás
Nunca olvidaré la llegada del primer viaje a la India. El avión aterrizó a las 24:00, hora local, en el aeropuerto de Bombay. Ante mis ojos se revelaba lo inimaginable... entre la oscuridad de la noche se veían infinidad de cuerpos sucios y desnutridos de montones de personas que dormían a ambos lados de la carretera, en cualquier rincón, parecía entrar en una guerra sin declarar.
Aquella realidad me descolocaba, inundándome en un sin fin de sentimientos. Mientras tanto el taxista iba conduciendo de manera frenética, a toda velocidad, sin dejar de tocar el claxon, venían coches de todas las direcciones, incluso de cara, pensé que en cualquier momento nos íbamos a estrellar…. Con un sentimiento de incomprensión ante tal espectáculo, le dije –“¡tranquilo, no hace falta que vaya tan rápido, que no tengo prisa!”-. Pero él seguía a lo suyo, haciéndome entender que formaba parte de su rutina. Todo aquello me producía una sensación muy extraña... impactante, triste.
Al día siguiente decidí adentrarme en la zona de los más pobres para regalar algo de ropa, juguetes y caramelos que había llevado para ir repartiendo durante mi estancia en la India. Cargué mi mochila y me puse en camino. Pedí a un taxista que me llevara a la zona de los más pobres (con cara de extrañado, me dijo que era peligroso rondar por esas zonas.)
Aunque una vez ahí, mientras caminaba por un camino de tierra lleno de basura, sentí como todos me miraban, como si llegara una especie de extraterrestre. No debían de estar demasiado acostumbrados a ver a una turista en esas zonas. Los ojos de los niños se iluminaban como soles cuando empecé a repartir algún regalito. Transmitían una alegría tan profunda que me sentí afortunada de poder compartir su felicidad. Percibí que en raras ocasiones debían recibir regalos. Aunque en pocos segundos me encontré rodeada por unas 20 o más personas que se me echaban encima; todos querían algo y la situación dejo de ser agradable.
Verdaderamente sentí la necesidad de hacer mucho más, pero al mismo tiempo impotente ante tanta miseria. Aquellas almas llamadas injustamente intocables, tocaron lo más profundo de mi corazón dejando una huella imborrable. Sus miradas y cuerpos reflejaban el pasaje por un mundo sin piedad, donde ya no quedaba lugar para la misericordia; donde los valores esenciales del ser, han sido sustituidos por colecciones materiales y placeres sensoriales.
Aprecié que la vida es una oportunidad del alma para poder experimentar e intercambiar diferentes experiencias y valores. Los unos dependemos de los otros; si entendemos esto, la vida toma su verdadera forma y nos sentiremos en equilibrio con el mundo. Somos nosotros mismos, con nuestros miedos y egoísmo, que no dejamos que la vida fluya de manera armoniosa y recobre su verdadero sentido. Como escribe Jaume Sanllorente en su libro “Sonrisas de Bombay: El viaje que cambió mi destino”: “empecé a ver a toda persona como lo que realmente es: una extensión de nosotros mismos. Porque nosotros somos, a la vez, extensiones de ellos y formamos parte de un mismo universo”. Cuando nos olvidamos del prójimo nos estamos olvidando de una parte de nosotros mismos, debido a que nos creemos separados e independientes. Aunque en realidad somos conscientes de ese extraño sentimiento de vacío que nos hace sentir incompletos, como si nos faltara algo... Lo que tanto anhelamos está al alcance de todos porque reside en el interior del corazón; se llama amor y cuanto más se da, más se recibe. Cuando nos preocupamos más en dar, que en recibir, de manera mágica sentiremos que no nos faltaba nada, que ya lo teníamos todo, solo hacía falta compartirlo.
En la Fundación Vicente Ferrer
Proseguí mi viaje hasta Anantapur, a la Fundación Vicente Ferrer para visitar a la niña que tengo apadrinada y viví profundamente el sentimiento que describe Jaume Sanllorente..., ¿lo que te hace más feliz? ...ser útil a los demás. Fue una experiencia indescriptiblemente bella, eran tan agradecidos, que me sentí más pequeña que una hormiga. Todo el pueblo estaba dispuesto y entre todos organizaron una gran fiesta en honor de la divina alianza que nos mantiene unidos. Me di cuenta de que estaba recibiendo mucho más de lo que yo estaba aportando y que amar quiere decir conquistarse a sí mismo en el prójimo y gozar de la felicidad del otro. Como explica Vicente Ferrer, “estamos unidos por el impulso espontáneo de solidaridad que nos lleva a trabajar y hace que su sufrimiento sea también el nuestro, y sus alegrías, las nuestras”.
En noviembre del 2004 volví a la India con el mismo destino como punto de llegada (Bombay). Esta vez algo más preparada... pude recolectar algo de dinero, entre amigos y familiares. Como explica Deepak Chopra:
“El mismo pensamiento de entregar, el pensamiento de bendecir, o una sencilla oración tienen el poder de afectar a los demás. Esto se debe a que nuestro cuerpo, reducido a su estado esencial, es un paquete local de energía y de información dentro de un universo de energía y de información. Somos paquetes locales de conciencia dentro de un universo consciente. La palabra «conciencia» se refiere a algo más que la simple energía e información: se refiere a una energía y a una información que están vivas, en forma de pensamiento. Por lo tanto, somos paquetes de pensamiento dentro de un universo pensante. Y el pensamiento tiene el poder de transformar”.

Siempre he mantenido en mi corazón las miradas de los niños (huérfanos) que viven en la extrema pobreza. Saber del maravilloso trabajo que se está realizando para ofrecerles una vida digna, es para mí un sueño que se hace realidad. Estoy muy agradecida a todos los que formáis parte de Sonrisas de Bombay, ofreciendo la oportunidad de ayudar, como divinamente escribe Jaume Sanllorente en su libro “a los ángeles de un cielo olvidado”. Me alegra mucho poder aportar mi granito de arena “oro”, porque en la India lo que aquí es arena allí se convierte en oro... (¿Verdad?) -y Jaume Sanllorente es uno de esos magos que hacen posible esa transformación-. Tiene un corazón y sensibilidad realmente maravillosos, “era la persona ideal en el momento y lugar ideal”. Su libro es una declaración del verdadero amor, una joya para el espíritu y un práctico manual para sanar la mente...
Estoy reviviendo gran parte de mis propias experiencias durante el viaje, (es como un reencuentro conmigo misma). En muchas ocasiones me inunda la tristeza y en otras me hace reír, como con lo de que su cuerpo es como un hotel de cinco estrellas para los virus... recuerdo mi propia experiencia en “Goa” cuando empecé a encontrarme muy mal y pasé la fiebre tifoidea. Me redujo a un estado catastrófico tan velozmente que por un momento pensé que había llegado al final del trayecto. La primera alarma fue la fiebre muy alta, que poco después iba acompañada de una diarrea espantosa a base de sangre que desprendía un olor terrible.... Unos hindúes que se encontraban cerca de una especie de lavabo que estaba compuesto de cuatro maderas viejas al que tuve que acudir con gran emergencia, dieron parte de mi lamentable estado intestinal y se partían de risa; que situación más humillante.... Y por si fuera poco, el potente antibiótico salva vidas que me receto el Doctor “Elvis”, salió disparado con un vomito casi instantáneo. Rendida ante mi suerte, pude observar la cómica situación, aprendiendo a reírme de mi propia desgracia; aceptando mi degradante estado y dejando el destino a la voluntad de Dios. En ese mismo instante me recuperé de manera mágica, y mi cuerpo empezó a aceptar los medicamentos.
India ha sido para mí toda una enseñanza a muchos niveles. Hay un escrito muy bonito que dice... “Lo que tú eres es el regalo que Dios te ha dado,
aquello en que te puedes convertir es tu regalo a Dios”.
¡Gracias a todos los que sembráis sonrisas en el mundo!
Silvia Karina.
Más información:
www.fundacionvicenteferrer.org














